In Memoriam: Joan Bassa, el amigo al que nunca conocí

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A mediados del pasado mes de marzo hubo que lamentar el fallecimiento de Joan Bassa Farrés, en arte Joan Bassa, bien conocido por los lectores de DIRIGIDO POR… y por los aficionados al ensayo cinematográfico de calidad por ser el coautor de la gran mayoría de libros y de no pocos artículos escritos para otras revistas u obras colectivas junto con el asimismo malogrado Ramon Freixas. Efectivamente, Bassa era en la práctica el, digamos, misterioso «coautor en la sombra» de numerosos textos urdidos con Freixas, en una estrecha colaboración profesional que se desarrolló a lo largo de décadas, nacida de su común afición al cine y, en particular, de una amistad que se remontaba nada menos que a sus días de infancia. En los primeros tiempos que publicaron juntos, corría entre el mundillo de la crítica el rumor, carente por completo de fundamento alguno, de que Bassa no era sino una especie de seudónimo del propio Freixas, algo que quienes conocíamos bien a Ramon sabíamos que era absolutamente falso. La realidad era que Joan Bassa era una personalidad vinculada al mundo universitario como docente, discreto y nada amigo de frecuentar los corrillos de la prensa especializada en cine, que circunscribía toda su relación a este mundillo a sus trabajos amistosos con Freixas, fruto de los cuales surgieron ensayos tan completos como El sexo en el cine y el cine de sexo, Expediente “S”, Cine, erotismo y espectáculo: El discreto encanto del sexo en la pantalla, El cine de ciencia ficción. Una aproximación, Diccionario personal y transferible de directores de cine español, El cine de aventuras, o 2001: Una odisea del espacio / Sopa de ganso y La tentación vive arriba / Amantes, estos dos últimos escritos para la colección Programa Doble de DIRIGIDO POR…



Pero, para mí, Joan Bassa fue también, y lamentablemente, el amigo al que nunca conocí. A pesar de la estupenda relación personal que yo mantenía con Freixas, muy cercana a la amistad a pesar de no cultivarla en demasía, nunca se me presentó la ocasión de conocer, a través de Ramon o de cualquier otra persona, al misterioso Joan Bassa. Y para mí es una auténtica pena, porque abrigo la sospecha de que debía tratarse de un ser humano tan estupendo, cercano y erudito como lo era Ramon: su amistad de toda la vida era, para mí, la mejor carta de presentación. Esa ocasión, ese encuentro, esa conversación distendida, nunca se produjo, y por desgracia, Bassa falleció, asesinado por un cáncer a los poco más de 60 años. Qué lástima. Y, sobre todo, qué gran pérdida para el ensayo cinematográfico de nuestro país, que ha quedado así definitivamente huérfano con la ausencia de esta pareja para nada extraña ni chiflada, como bien sabían sus allegados, que deja un vacío en la crítica de cine española y en el corazón de quienes les conocieron juntos o por separado.

Tomás Fernández Valentí