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El doloroso sueño de los inocentes

LA PELÍCULA DE SALVADOR CALVO, QUE VIO LA LUZ a partir de una idea surgida mientras rodaba su anterior largometraje 1989: Los últimos de Filipinas, al conocer la trágica vida de unos niños que se encontraban allí en un centro de refugiados cercano, discurre sobre tres historias paralelas que se unen en un punto en el desenlace. Nada nuevo ni original. La primera muestra las peripecias de dos hermanitos que escapan de Camerún en un periplo dantesco, un verdadero purgatorio que no se guarda nada. En esa suerte de road movie infernal con la muerte en cada esquina, se nos exponen todos los argumentos para justificar la aceptación de los refugiados. ¿Quién podría cuestionar la necesidad, la obligación moral y humana de ayudar a sus semejantes?

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