SIN NOVEDAD EN EL FRENTE

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SIN NOVEDAD EN EL FRENTE Delbert Mann

REINO UNIDO-USA, 1979. T.O.: «ALL QUIET ON THE WESTERN FRONT». DIRECTOR: DELBERT MANN. INTÉRPRETES: RICHARD THOMAS, ERNEST BORGNINE, DONALD PLEASENCE, IAN HOLM, PATRICIA NEAL. EDITADO POR DIVISA


Delbert Mann y Ernest Borgnine, tras casi veinticinco años de separación profesional, vuelven a juntarse en el escenario de la Primera Guerra Mundial explicado por Erich Maria Remarque en su novela «Sin novedad en el frente». El marchito Marty da vida en la interpretación del texto de finales de los años setenta al veterano soldado Katczinsky, con quien el protagonista, Paul Bäumer, establece una conmovedora y desesperada relación paterno-filial mientras el mundo se desmorona. A comienzos de la década de los setenta Mann regresa a los espacios de la pequeña pantalla donde veinte años antes estudia el oficio para encargarse de la realización de nuevas adaptaciones de destacadas obras literarias, como «David Copperfield» o «Jane Eyre». Muchas de estas interpretaciones televisivas logran estrenarse en salas comerciales en algunos países. Es el caso de la versión propuesta de la novela sobre la Gran Guerra. Emitida en Estados Unidos por la CBS en noviembre de 1979, se estrena en salas españolas, con algo de retraso, en abril de 1982.

El libro de Remarque, recordemos, inspira, un año después de su publicación, en 1929, el film homónimo de Lewis Milestone para la Universal. Enfrentar las dos versiones, separadas por cincuenta años, es sin duda inevitable, sobre todo para hablar de determinadas cuestiones, pero también un ejercicio bastante estéril, habida cuenta de los antagónicos ciclos en que surgen y de que en definitiva la primera es una de las cumbres del cine antibelicista y la siguiente un voluntarioso ejercicio de traducción. Pese a los titubeos y errores arrastrados, sobre todo la descuidada utilización de la voz en off, también ciertos remilgos, Sin novedad en el frente 1979, pese a lo dicho habitualmente, no es una obra desdeñable. Al contrario, en los momentos más inspirados muestra cuadros de innegable interés y valía artística. Dichos fragmentos se localizan fundamentalmente en las secuencias colectivas, en los momentos en que los jóvenes protagonistas se transforman en aterrorizadas abstracciones fantasmales empujadas al campo de batalla. Sin llegar a concretar un logro verdaderamente sobresaliente, Mann guía con habilidad las imágenes de violencia. Sin embargo, y pese a los hallazgos de observación íntima presentados antes en títulos como Marty (1955) o La noche de los maridos (1957), duda demasiado a la hora de componer el retrato individual de las figuras, lesionando así su recorrido y peso. Todo lo contrario que en el caso de Milestone. Baste recordar, por ejemplo, la impresionante secuencia de la pieza de 1930 en que Paul, desencantado, regresa de permiso a casa y se encuentra en la escuela con el viejo maestro tirano y manipulador y la nueva generación de colegiales. Toda la frustración y rabia del cuadro en blanco y negro desaparece en la interpretación de Mann, dando paso a un diálogo generacional hostil y amañado. Tal vez la ausencia de nervio en este tramo, igual que en otros parecidos, obedece a una clara dulcificación de varios caracteres, como el profesor ahora encarnado por Donald Pleasence.

Sin novedad en el frente 1979 aparece en un tiempo de cambio en que el cine norteamericano, refiriéndose principalmente a Vietnam, presenta obras de marcado genio antibelicista. Por supuesto, tampoco resiste la comparación con los largometrajes de Hal Ashby o Michael Cimino. Empero, asumiendo limitaciones, resulta, desde luego, en conjunto una correcta indagación en los horrores de la guerra.

Ramón Alfonso