MANDINGO

en Home Cinema/Más información por
 

MANDINGO Richard Fleischer

USA, 1975. T.O.: «MANDINGO». DIRECTOR: RICHARD FLEISCHER. INTÉRPRETES: JAMES MASON, SUSAN GEORGE, PERRY KING, RICHARD WARD, BRENDA SYKES. EDITADO POR DIVISA


Como a muchos otros curtidos hombres de cine, los años setenta convirtieron en irregular la andadura de Richard Fleischer. Pese a ello, el paso del tiempo ha permitido una revalorización de varios títulos en este periodo, en aquel momento ignorados –como El estrangulador de Rillington Place (10 Rillington Place, 1971), o Cuando el destino nos alcance (Soylent Green, 1973), hoy con estatus de culto–. Mandingo, fue despachada en su tiempo como una superproducción anacrónica. Más de cuatro décadas después, emerge como una de esas ignoradas perlas cinematográficas de los primeros setenta –como El hombre clave (The Nickel Ride, 1974. Robert Mulligan), Loca evasión (The Sugarland Express, 1974. Steven Spielberg), que cada uno ponga aquí sus preferencias– formando parte de lo más valioso legado por el cine norteamericano en estos años de transformación.

Pocas películas me resultan –en bastantes momentos– tan incómodas de ver, como esta aportación al terreno de la esclavitud, distanciada de visiones dulcificadotas o maniqueas propuestas con anterioridad. Su mirada de tinte naturalista y sus personajes son mostrados en la cotidianeidad de sus acciones –es eso precisamente lo que nos impacta más–. En la mansión de los Maxwell, será normal que su patriarca –Warren Maxwell (James Mason)– utilice un niño como cojín para apoyar sus pies en el suelo e intentar trasladarle los reumas que porta. En aquel entorno, todos saben quiénes son amos o esclavos. Para los primeros, que un esclavo sepa leer es motivo de castigo, y las negras se ofrecen como concubinas a los hijos de sus propietarios. En ese contexto, –Hammond (Perry King)– será el terrateniente que irá expresando una mayor consideración hacia sus sometidos, protegiendo y amando secretamente a Ellen (Brenda Sykes). Pero la ambición de padre e hijo será la de lograr un buen «mandingo». Un luchador con el que puedan competir, que Hammond logrará en su relación con Ellen, precisamente cuando va a casarse con Blanche (Susan George). Ambos llegarán como nuevos inquilinos del rancho, descubriendo el joven propietario que su esposa no era virgen, y por ello dedicándose a su amante negra, a la que deja embarazada. En un viaje realizado para hacer luchar al mandingo, Blanche agredirá a la amante de su marido, logrando que pierda el niño que gestaba. Tras la brutal pelea, en la que vencerá el luchador que ellos tienen, el terrateniente regresará al rancho y allí se enterará de dicha pérdida. Sin embargo, tampoco su esposa ha dejado de vengarse de Ellen, forzando relaciones sexuales con el mandingo, que la harán quedarse embarazada, provocando el detonante de la tragedia.

Antes hablaba de la incomodidad del film de Fleischer, uno de sus rasgos de estilo. Más allá de recrearse en este periodo, describe una mirada demoledora sobre los bajos instintos de la condición humana, perfectamente aplicable a nuestro tiempo. Mandingo ofrece una galería de despreciables personajes blancos, pero también cuestiona unos negros, que siguen aceptando con naturalidad su inferioridad, al ser tratados como animales. Quizá su gran acierto proceda al transmitir esa mirada con la suficiente distancia, sin tomar partido por lo que vemos, e intentando reflejar lo que de cotidiana tenía esa práctica. La película se beneficia de un adecuado reparto –incluso la pésima Susan George está bien utilizada–, proponiendo el acierto de incluir como personaje falsamente positivo a Hammond (eficaz Perry King). Este siempre se mostrará condescendiente con los negros, aunque lo veremos disfrutar en las peleas que disputa su mandinga, o experimentando su superioridad de raza en las secuencias finales. La psicología de su personaje será compleja, reveladora de una personalidad inestable.

Retomando ese rasgo de crueldad destacaremos esa brutal pelea de negros, utilizando los medios más primitivos, y en donde resulta duro contemplar la muchedumbre y los señoritos divirtiéndose, viendo a dos esclavos matándose a mordiscos. Igualmente dolorosa es la secuencia en que Blanche azota a Ellen y esta huye, cayendo por las escaleras y perdiendo el hijo que gestaba. Duro será el chantaje que la esposa de Hammond lanza al mandingo, teniendo este que acceder a sus deseos sexuales, quedando embarazada de un niño… negro, que el propio médico asesinará tras nacer, con aterradora frialdad. Ello será el detonante y propiciará el clímax, donde Hammond revelará su atavismo como blanco –incluso empuja a su amante negra y le reprueba su raza–, en una catarsis llena de desasosiego. Mandingo quizá incurra en algunas debilidades visuales propias del cine de la época –planos con cámara al hombro–, pero sigue sorprendiendo, y merece ser destacada por su singularidad, prolongando varios de los rasgos cinematográficos de este notable cineasta.

Juan Carlos Vizcaíno Martínez