Keepers: El misterio del faro

en Análisis/En Primer Plano por

El faro del fin del mundo

Dirigida por el danés Kristoffer Nyholm, Keepers: El misterio del faro es un film británico que recrea, en formato de «thriller», un misterioso hecho real.


EILEAN MÒR ES EL NOMBRE DE una de las Flannan, un grupo de islas situado en las Hébridas Exteriores, en la costa oeste de Escocia. El 15 de diciembre de 1900, un barco de pasajeros que navegaba por la zona advirtió que el faro de la Eilean Mòr no estaba operativo. Pocos días después se descubrió que los tres hombres a cargo del faro, Thomas Marshall, James Ducat y Donald MacArthur, habían desaparecido misteriosamente, y nunca más volvió a saberse de ellos. La investigación oficial determinó que la causa más probable de la desaparición de los fareros pudo haber sido un golpe de mar que los habría barrido mar adentro, si bien desde entonces hasta nuestros días las teorías al respecto han abundado, desde las psicológicas (que atribuyen la desaparición a un posible ataque de locura de uno de los fareros) a las sencillamente delirantes (abducción extraterrestre). Sobre esta premisa se sostiene Keepers: El misterio del faro (Keepers, 2018), una producción británica (escocesa, para más señas) que propone una teórica explicación sobre lo ocurrido en el faro de las islas Flannan y que, poco más o menos (pero sin alienígenas…), viene a ser una combinación de las diversas teorías sobre el suceso.

Dejando aparte el origen histórico de lo que narra, y viéndola estrictamente como lo que es, una película, Keepers: El misterio del faro es una producción que, paradójicamente, hace décadas hubiese sido de lo más normal, una producción de coste medio-bajo que antaño hubiese estado perfectamente encuadrada en el cine de Serie B, y que ahora deviene una rareza, una anomalía en el contexto de un mercado del cine como el actual, dominado o por la-superproducción-más-grande-jamás- hecha o por la-película-más-minoritaria -jamás-hecha. Dirigida por el realizador danés Kristoffer Nyholm, en el que es su debut en el cine tras una larga trayectoria profesional previa en la televisión –donde ha firmado episodios de series como Forbrydelsen (2007-2012), base de la posterior The Killing (ídem, 2011-2014), The Enfield Haunting (2015) y Taboo (ídem, 2017- )–, Keepers: El misterio del faro viene a ser una especie de simbólica heredera moderna de viejas producciones inglesas del estilo de The Mystery of the Mary Celeste (Denison Clift, 1935), o norteamericanas como The Ghost Ship (Mark Robson, 1943), si bien pasada antes por el filtro de lo melodramático y lo trágico que de lo fantástico. También pueden apreciarse en ella vagos ecos de «El faro del fin del mundo» (1905), de Jules Verne, por más que, vuelvo a insistir, Keepers: El misterio del faro es ante todo un relato con más tendencia a lo sórdido que a lo aventurero.



La película responde también a un determinado naturalismo muy característico del cine hecho en el Reino Unido a lo largo de toda su historia, lo cual, unido a la excelente labor de sus intérpretes (Gerard Butler, asimismo productor, demuestra que, cuando quiere, es un buen actor), se erigen en las mejores bazas de un film construido de manera tan sencilla como sólida. Los principales personajes responden a los nombres de los auténticos protagonistas de la tragedia del faro: Thomas (Peter Mullan), James (Butler) y Donald (Connor Swindells). La película establece, de entrada, un reparto convencional pero efectivo de caracteres entre estos personajes y las relaciones entre ellos, pero que va evolucionando a medida que avanza el metraje: la serenidad y severidad de Thomas, el líder del grupo y el más viejo de ellos, contrasta con la aparente despreocupación del joven Donald, y, entre ellos, James, de una edad intermedia. El film no tarda en situarse en el terreno del thriller: los protagonistas descubren cerca de la playa el cuerpo de un hombre que ha sido arrastrado por la marea junto a su barca; Donald baja a inspeccionar el cadáver, pero el hombre, que no ha muerto, le agrede e intenta asesinarle, obligando a Donald a matarle, en defensa propia. El hallazgo de unos lingotes de oro entre las pertenencias del difunto desata la avaricia entre los protagonistas, pero de ahí no tardaremos en pasar al miedo y la desesperación: la llegada a la isla de dos hombres, Locke (Soren Malling) y Boor (Ólafur Darri Ólafsson), que andan buscando a ese mismo hombre y, sobre todo, el oro, precipitará los acontecimientos dentro de una espiral de violencia y locura incontenibles, que erigen a Keepers: El misterio del faro en un sombrío relato fatalista. Sin destripar vericuetos argumentales de cara a quien todavía no haya visto el film, lo más interesante del mismo reside en la progresiva transformación del tono naturalista y cotidiano del primer tercio del relato hacia una atmósfera crispada y casi de pesadilla, a la cual no es ajena la excelente labor fotográfica de Jorgen Johansson, que con su tratamiento realista de la luz y de las sombras logra convertir el faro y sus alrededores en una especie de «casa de los horrores». Buen director de actores, Kristoffer Nyholm sabe extraer partido de las escenas de tensión que se producen, primero, entre los protagonistas y los inquietantes Locke y Boor, y luego, entre los primeros, seres humanos atrapados por sus demonios personales y condenados a arder en el infierno de sus imperfecciones.

Tomás Fernández Valentí


Reino Unido, 2018. T.O.: «Keepers / The Vanishing». Director: Kristoffer Nyholm. Productores: Gerard Butler, Andy Evans, Maurice Fadida, Sean Marley, Jason Seagraves, Ade Shannon y Alan Siegel. Guión: Celyn Jones y Joe Bone. Fotografía: Jorgen Johansson, en color. Música: Benjamin Wallfisch. Intérpretes: Gerard Butler, Peter Mullan, Connor Swindells, Soren Malling, Ólafur Darri Ólafsson, Gary Lewis.