Berlin Alexanderplatz

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Un puñado de personas en las profundidades del silencio

La plataforma Filmin continúa desarrollando su valioso proyecto de rescatar importantes piezas audiovisuales con la suma a su catálogo de la magistral serie de Rainer Werner Fassbinder Berlín Alexanderplatz. La adaptación de la novela de Döblin, una de las piezas fundamentales de la historia de la televisión, vuelve a estar disponible para el aficionado más de una década después de la magnífica edición en DVD presentada por Cameo.


EL 12 DE OCTUBRE DE 1980, unos dos meses después de su presentación en el Festival de Venecia, la serie Berlín Alexanderplatz comienza a emitirse en la televisión alemana. Aproximadamente un año y medio más tarde su director, Rainer Werner Fassbinder, la figura capital del Nuevo Cine Alemán y uno de los indiscutibles protagonistas del ciclo de la Modernidad, como un joven poeta maldito, con solo treinta y siete años, muere. Pese al titánico esfuerzo que supone llevar a imagen la novela homónima publicada por Alfred Döblin en 1929, el cineasta sigue trabajando sin cesar, comiendo y bebiendo, fumando en exceso, tomando drogas, somníferos y estimulantes. Tras la agotadora experiencia de Berlín Alexanderplatz presenta todavía un documental, Theater in Trance (1981), y cuatro magníficos largometrajes de ficción, Lili Marleen (id., 1981), Lola (id., 1981), La ansiedad de Veronika Voss (Die sehnsucht der Veronika Voss, 1982) y el fúnebre y violento Querelle (id., 1982), según el texto de Jean Genet, y participa como actor en varios proyectos ajenos. Pese a tratarse entonces de un hombre prácticamente destruido, tal y como puede apreciarse por ejemplo en el mediometraje documental de Wim Wenders Chambre 666 (1982), en el que participa junto a otros renombrados cineastas como Jean-Luc Godard, Werner Herzog, Michelangelo Antonioni o Steven Spielberg para reflexionar sobre el futuro del cine, sentado en una habitación de hotel de Cannes, durante la celebración del certamen en 1982, sigue transmitiendo la misma pasión asombrosa de siempre, y el resultado de su trabajo no se resiente. Es más, en el momento de su fallecimiento baraja la posibilidad de regresar al teatro y está preparando varias producciones de importante presupuesto, como «Yo soy la felicidad de este mundo », la historia de tres hombres que después de fracasar al frente de una agencia de detectives triunfan como estrellas del rock.



CÓMO SE DEBE VIVIR SI NO SE QUIERE MORIR

Fassbinder puede poner en pie el gran proyecto de traducción del escrito de Döblin gracias al éxito internacional de la película El matrimonio de María Braun (Die Ehe der Maria Braun, 1978), todavía hoy una de las piezas más recordadas y aplaudidas de su descomunal conjunto artístico. El triunfo le procura numerosas proposiciones de productores extranjeros pero prefiere aprovechar la coyuntura favorable y cumplir al fin uno de sus sueños. El cineasta cuenta, posiblemente en los días de preparación de la adaptación, que lee por primera vez la novela con catorce o quince años, y reconoce que si hubiera dejado el libro de lado probablemente su vida habría sido diferente en varios aspectos decisivos. Asegura llevar desde la adolescencia Berlín Alexanderplatz en la mente, en el cuerpo y el alma. Casi tuve que taparme los ojos y los oídos –afirma, refiriéndose a la primera relectura a los diecinueve años, en unas declaraciones recogidas por el escritor Ronald Hayman para armar su biografía del realizador editada en 1984– al descubrir cada vez con mayor claridad que una gran parte de mí mismo, de mi conducta, de mis reacciones, de lo que yo había creído ser entonces, no era otra cosa que lo que Döblin describía en Berlín Alexanderplatz. Sin darme cuenta yo había convertido la ficción del escritor en mi propia vida.

Vital en la biografía personal, el libro lógicamente inspira también buena parte del itinerario cinematográfico, de la marcha artística. Así, fragmentos literarios sugieren parte de los argumentos de piezas de la primera etapa, como El amor es más frío que la muerte (Liebe ist kälter als der Tod, 1969) –formidable pieza noir en la que conviven Döblin y Jean-Marie Straub–, o Los dioses de la peste (Götter der Pest, 1970), y muchas de las criaturas de la fauna se cuelan una y otra vez, más o menos enmascaradas en las distintas propuestas, especialmente el herido protagonista, Franz Biberkopf, un personaje que conservando su nombre, y desde luego buena parte de su esencia, en 1975 ya protagoniza una suerte de versión digamos apócrifa de sus desventuras en el film La ley del más fuerte (Faustrecht der Freiheit), significativamente interpretado por el propio realizador.



«Berlín Alexanderplatz» puede considerarse un compendio

vital-profesional y un claro vaticinio del futuro de Fassbinder


Cuando Fassbinder lleva más de veinte películas armadas decide verlas todas seguidas en unos pocos días. Tras el visionado de unos diez años de ruta fílmica se da cuenta de que la influencia de Döblin y la novela es efectivamente extraordinaria. En consecuencia, abordar el proyecto de traducir a imagen, sin máscaras, sin vacilaciones, Berlín Alexanderplatz puede considerarse de algún modo como una consciente inmersión en el proyecto digamos decisivo, la creación que una vez terminada pueda leerse como un compendio vital-profesional y un claro vaticinio del futuro. Y en efecto, la serie construida representa un perfecto, y apasionante, también revelador, resumen, y una puerta de entrada al mañana, a un cine futuro, acaso todavía impreciso, expuesto fundamentalmente en el magnífico y sorprendente epílogo fantasmal, el capítulo XIV, «De la muerte de un niño y el nacimiento de alguien útil», más por desgracia frustrado, roto, con la desaparición del autor. Susan Sontag en un texto escrito para «Vanity Fair» en septiembre de 1983, «Novel into Film», en el que se hace eco del pase de la obra en Nueva York en salas, en bloques de varios capítulos a lo largo de cinco semanas consecutivas, además de referirse con pasión a la destreza de Fassbinder para hacer una gran película adaptando una gran novela y triunfando así donde otros fracasan, habla en efecto de la íntima conexión de la triste crónica de Biberkopf descrita por Döblin con la obra del cineasta. Para la escritora Berlín Alexanderplatz más que un resumen de los temas principales es una culminación.

UN MARTILLAZO EN LA CABEZA PUEDE DAÑAR EL ALMA

Publicada en Berlín en 1929, la novela de Alfred Döblin, médico de profesión, igual que el padre de Fassbinder, relata, dividida en nueve bloques y rompiendo emocionantemente las particularidades del escrito tradicionalista con la combinación de voces narrativas, recursos expresivos y una sugestiva utilización de formas del collage, el recorrido del antiguo cargador Franz Biberkopf tras salir de la cárcel de Tiegel, donde cumple una condena de cuatro años por el asesinato de su novia Ida. El hombre a continuación trata de volver a integrarse en la sociedad probando suerte con varios trabajos, siempre precarios. Intenta vender libros eróticos, un periódico nazi, o cordones de zapatos. Fracasando una y otra vez en sus intentos de encontrar su lugar, casi siempre traicionado y humillado, se abandona a sus demonios y se refugia en el alcohol. Después del encuentro con una vieja amiga, Eva, ahora prostituta de lujo, vuelve a renacer. Por entonces conoce también a Reinhold, el jefe de una banda de malhechores, a quien pronto empieza a querer como a un hermano. Luego, entra en la historia Mieze, una bonita joven de la que Franz se enamora.



La novela, formidable radiografía del escenario de su tiempo, de los bajos fondos, sujeta a sugestivo misterio intrínseco, y considerada por muchos especialistas el más importante escrito sobre la capital alemana, logra en poco tiempo un éxito sensacional. La notoriedad conquistada promueve la casi inmediata presentación de un largometraje homónimo realizado por Phil Jutzi, con Heinrich George como el buen Franz, retitulado en su estreno en España en diciembre de 1932 Hampa. A Fassbinder la película no le desagrada pero lamenta que no tenga demasiado que ver con la novela. Así, cuando escribe en París el voluminoso guión que inspira las más de quince horas de metraje decide respetar con escrúpulo la ruta trazada por el escritor. Al menos en determinados aspectos. Fassbinder introduce una importante diferencia en su interpretación. En la novela Biberkopf es una suerte de guía y en la película es el claro corazón, el alma. Esta desemejanza sutil más decisiva seguramente viene justificada por la íntima conexión que existe entre el personaje y el cineasta. En el fondo, Fassbinder es una especie de sosias defectuoso de la figura literaria, o al menos eso le gustaría. Sin duda, parte de su biografía personal emula la desarrollada por Döblin en el terreno de la ficción. Hasta las lesiones físicas parecen compartidas. Pero por encima de cualquier otra cuestión tanto el director como Biberkopf se mueven alrededor de una máxima conmovedora: solo quiero que me amen. Este axioma, auténtico motor de la singladura de Fassbinder, íntima y profesional, en su caso es imposible separar las dos máscaras, se convierte en 1976 en el título de una de sus películas más tristes y aún hoy poco atendidas, y también encabeza con acierto el notable monográfico recientemente editado por la editorial Shangrila.

Berlín Alexanderplatz junto a Heimat (1984- 2013), la monumental obra río de Edgar Reitz, fragmentada en varias temporadas y dos largometrajes, es la gran pieza televisiva construida en Europa, seguramente en todo el mundo. Es una obra extraordinaria y emocionante, de singular belleza y atmósfera, magníficamente interpretada por la troupe habitual –sobre todo por Günter Lamprecht y Gottfried John, los intérpretes de Franz y Reinhold, los protagonistas de la más hermosa y trágica historia de amor incluida y quizá también de la filmografía del realizador–, y que al igual que la novela original rompe con asombrosa facilidad resistentes fronteras formales para avanzar con plena libertad. Berlín Alexanderplatz es el más sentido y bello autorretrato presentado por Rainer Werner Fassbinder.

Ramón Alfonso


Alemania, Italia, 1980. T.O.: «Berlin Alexanderplatz». Director: Rainer Werner Fassbinder. Intérpretes: Günter Lamprecht , Gottfried John , Claus Holm, Hannah Schygulla, Barbara Sukowa, Franz Buchrieser. DISPONIBLE EN FILMIN