7 razones para huir

en Análisis/En Primer Plano por

La comedia humana

Presentada en el pasado Festival de Málaga, 7 razones para huir tiene su base en las obras de Esteve Soler «Contra el progreso», «Contra el amor y «Contra la democracia», así como en el cortometraje Interior. Familia. Transitando los caminos de la comedia negra, la película hace de la incorrección política su seña de identidad fusionándolo con un contenido profundo y reflexivo.


 

EN FAMILIA, LA MAGNÍFICA PRIMERA historia de 7 razones para huir, un matrimonio despierta a su hijo a las cinco de la mañana para comunicarle que fue un coitus interruptus y que, en absoluto, deseaban su nacimiento. Algo, no obstante, que solo será una pequeña parte de todo lo que acontecerá en el resto del segmento. Rabiosa en su aparataje crítico y en su actitud casi nihilista con respecto a los aspectos temáticos tratados en las siete piezas que la componen, 7 razones para huir trasciende su condición de pieza pequeña para erigirse en una de las películas más frescas y heterodoxas del reciente cine español. Un golpe sobre la mesa ante determinados enfoques tibios o condescendientes (por desgracia, muy habituales en el actual panorama cinematográfico) cuya respuesta hace de la incorrección política una necesidad vital y de lo contestatario un posicionamiento casi moral.

Adaptación de los tres textos teatrales de Esteve Soler «Contra el progreso», «Contra el amor» y «Contra la democracia», que conforman su Trilogía de la Indignación, su estructura sitúa el conjunto dentro del cine espisódico que se diera, sobre todo, en países como España e Italia en los años cincuenta y sesenta. Una tendencia progresivamente en desuso que, sin embargo, 7 razones para huir recupera con poderosa personalidad y capacidad de renovación. Básicamente, porque la línea común que siguen las historias expuestas bien podría ceñirse a la exteriorización de los estratos más miserables de la condición del individuo, en muchas ocasiones, apuntando hacia aspectos nada complacientes cuyo tratamiento, oscilante entre la agresividad y el distanciamiento irónico, puede generar incluso incomodidad en esta lamentable coyuntura de buenismo y pensamiento monolítico que estamos sufriendo a día de hoy. La película de Gerard Quinto, Esteve Soler y David Torras nada quiere saber de todo ello, fijando unos dispositivos conceptuales que, tanto en su puesta en escena como en sus características argumentales, se sitúan en una posición de consciente individualismo con respecto al resto.



La cerrazón del individuo moderno, carcomido por necesidades efímeras («Progreso»), por su doble moral («Solidaridad») y por un conjunto de tradiciones absolutamente caducas («Compromiso») son algunos de los aspectos que 7 razones para huir escenifica a partir de logros verdaderamente notables. El primero de ellos, la sensación de claustrofobia que transmite el conjunto al estar íntegramente desarrollado en interiores. La imposibilidad de escapar de los personajes, de dejar atrás su mezquindad y abrirse a una nueva realidad es lo que acaba generando que para ellos les esté vetada la luz del sol y el acceso a los exteriores, moviéndose como espectros entre retazos de escenarios postapocalípticos («Orden») o en dobles fondos que oscultan su condición infrahumana («Trabajo»). El segundo corresponde al diseño psicológico de los mismos. Habitualmente alienados de unas circunstancias que, en muchas ocasiones, parecen no entender o asimilar («Progreso»), sus decisiones o la falta de ellas acaba incentivando el flanco trágico (absurdamente trágico) de las situaciones en las que se ven envueltos. De esta manera, la ausencia de un número (la quiebra del orden establecido, en definitiva) puede derivar en una escena caótica que provoque la desaparición de uno de los personajes («Orden»), así como la inesperada irrupción de los prejuicios acaba manifestando la pútrida condición interna de unos ancianos que parecen hacer acto de contrición antes de morir («Solidaridad»).

Unos rasgos reflexivos que determinan el contundente pesimismo antropológico de la película, ya que esta no halla posibilidad de solución a todo lo expuesto. De hecho, los ramalazos de violencia que puntúan el conjunto («Familia», «Compromiso »), así como la metáfora de los nudillos golpeando unas puertas que jamás se abren adquieren una vía desesperadamente catártica. Casi como las únicas acciones que pueden llevar a cabo los personajes para intentar atisbar otros derroteros. Empero, Gerard Quinto, Esteve Soler y David Torras se cierran en banda a cualquier rasgo de esperanza. Tal vez porque no lo perciben. O, quizá, porque esta sociedad, directamente, no lo merece. 7 razones para huir, por consiguiente, no es una pieza convencional y como tal se debe asimilar. Sus directores colocan un espejo deformante ante el espectador, incómodo y agresivo, pero no por ello menos veraz en el que todos terminamos observando nuestra propia naturaleza.

Una visión imprescindible para escrutar otras realidades dentro del cine español y, además de todo ello, una magnífica película.

Joaquín Vallet Rodrigo


España, 2019. T.O.: «7 raons per fugir». Directores: Gerard Quinto, Esteve Soler, David Torras. Productores: Aritz Cirbián Casado, Martin Samper. Guión: Esteve Soler. Fotografía: Gabriel Campoy, en color. Música: Julie Reier. Intérpretes: Emma Suárez, Lola Dueñas, Sergi López, Pepe Viyuela, David Verdaguer, Núria Gago.