BEL CANTO: LA ÚLTIMA FUNCIÓN

en Análisis/Críticas por

El Síndrome de Estocolmo

BEL CANTO: LA ÚLTIMA FUNCIÓN JUEGA SUS CARTAS de manera ciertamente inteligente a lo largo de su metraje. No estamos ante una película brillante. Ni tan siquiera ante una buena película. Ahora bien, la manera tan sencilla que tiene de estructurar los hechos narrados y, sobre todo, el hecho de contar con el comodín de unos actores brillantes que aportan toda su profesionalidad al conjunto terminan provocando que la película de Paul Weitz se vea con agrado y que no se le exija nada más de lo que muestra a lo largo de cien minutos.

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