LOS PRODUCTORES

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LOS PRODUCTORES Mel Brooks

USA, 1967. T.O.: «THE PRODUCERS». DIRECTOR: MEL BROOKS. INTÉRPRETES: ZERO MOSTEL, GENE WILDER, KENNETH MARS, DICK SHAWN, ESTELLE WINWOOD, RENÉE TAYLOR. EDITADO POR DIVISA HOME VIDEO.


Preparado artísticamente en el tiempo de la Segunda Guerra Mundial, ejerciendo de irreverente animador en la radio del ejército, y luego en los decorados de televisión y Broadway, donde pronto se ocupa caracterizado de guionista junto a talentosos compañeros de generación, Carl Reiner, Neil Simon o Woody Allen, de la definición del genio humorístico del ciclo moderno, sobre todo con el divertidísimo espacio de la pequeña pantalla Superagente 86 (Get Smart, 1965-1970), el neoyorquino Mel Brooks, suerte de caótico hombre orquesta del humor USA, presenta a finales de los años sesenta su primera película como director, Los productores, un mordiente retrato del firmamento de los espectáculos teatrales conducido por un par de estafadores, Max Bialystock, un productor arruinado que malvive gracias a las aportaciones de un puñado de ingenuas viudas a un catálogo de funciones que jamás llegan a representarse, y Leo Bloom, un neurótico contable, que resuelven engañar a las compañías de seguros estrenando una majadera comedia musical, «Primavera para Hitler», escrita por un trasnochado miembro del partido nazi y preparada al milímetro para fracasar estrepitosamente en el momento de su estreno. Estructurado desde luego a partir de la recopilación de retales autobiográficos e imágenes extraídas de la singladura personal-profesional de varios ejemplares singulares de la fauna del medio, y anclado sobre una idea base satírica absolutamente genial y malévola, aunque en origen desprovista de forma definitiva pues el autor titubea a la hora de transformar el argumento en una novela o incluso una pieza escénica, el film resultante, quizá el más sobresaliente del cineasta junto a El jovencito Frankenstein (Young Frankenstein, 1974), propone una punzante visión de los entresijos del espacio visitado, casi una cara B maleducada y bruta de pongamos la mismísima Eva al desnudo (All About Eve, Joseph L. Mankiewicz, 1950), pero principalmente supone una evidente declaración de intenciones creativas. Así, Los productores puede leerse como un manifiesto fílmico, un bosquejo y prólogo inspirado de la filmografía del artista, aunque eso sí más de fondo que de forma, puesto que claramente, y asumiendo la utilización de determinadas resoluciones formales bruscas y desbaratadoras, después habituales, se trata de la obra más atada a una escritura y estructuras digamos clásicas. Impulsada, a porrazos, por la reconocible e idiosincrásica comicidad vándala del autor, la película primeriza expone ya cuadros y resoluciones inconfundibles, verbigracia esa atracción por las escenas musicales, a un tiempo transgredidas y conmovedoramente fieles a temperamentos pretéritos, que suman al conjunto fotografías tan graciosas como las interpretadas por el Hitler amanerado y su personal sobre el escenario, y además algunos rostros o nombres fieles, como el del compositor John Morris o el de ese Gene Wilder todavía algo novato, y seguidamente, durante unos años, inseparable del cine del realizador y también uno de sus más habilidosos discípulos, tal y como atestiguan sobre todo las dos películas que dirige a mediados de los años setenta. No obstante, más allá de los anuncios lanzados y de su marcada autosuficiencia cinematográfica, Los productores es un vehículo de lucimiento extraordinario para el siempre maravillosamente histriónico y excesivo Zero Mostel. Perfecto en su papel de productor caradura y mangante ofrece un recital inolvidable dirigiendo la reinterpretación propuesta por Brooks de las aventuras de Don Quijote y Sancho Panza.

Ramón Alfonso