Reflexiones sobre la nueva cinefilia Parte 2/3

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Segunda entrega de este artículo en tres partes sobre la Nueva Cinefilia y, también, sobre la así llamada Nueva Crítica.


4 De todas formas, el elitismo y el clasismo, la esencia de la Nueva Cinefilia, no es como cabría esperar algo novedoso; pese a quien pese, «repite las estructuras decadentes de la vieja cinefilia, por lo que mantiene inmóviles los postulados iniciales» (1). Como ya señaló hace treinta y seis años Lindsay Anderson (2) –excelente crítico y singular cineasta, injustamente olvidado–, para los Nuevos Cinéfilos / Nuevos Críticos –los de antes y los de ahora– es importante hacer descubrimientos, y escribir sobre cine se ha convertido en una actividad / profesión especializada ferozmente endogámica y competitiva que exige «marcar terreno», «saber más» que el resto. Pero con la particularidad de que las preocupaciones teóricas dominan hoy su conciencia, anulan y distorsionan su experiencia como espectadores, pues toda forma de inteligencia / conocimiento / experiencia emocional es percibida como una amenaza. Los Nuevos Cinéfilos / Nuevos Críticos esgrimen oscuras citas y referencias extraídas de un corpus teórico en el que merodean Althusser, Derrida, Lacan o Deleuze, guarden relación o no con el cine, en ocasiones descontextualizadas o tergiversadas, a fin de legitimar «académicamente » su discurso, el cual ha ayudado «a la interpretación fílmica a convertirse en una nueva escolástica, con un canon (…), verdades recibidas (…), maniobras interpretativas severamente reguladas y puntos de destino garantizados. Tras todas estas características se esconde una apelación a la autoridad » (3). La Nueva Cinefilia / Nueva Crítica es, así pues, una forma de pensamiento «en el que todo conocimiento debe estar autorizado por un texto, al margen de lo fluido o variable que sea; un mundo intelectual en el que (…), necesariamente, no se puede producir nada nuevo sin el descubrimiento de un nuevo texto (que, por supuesto, puede incluir la reinterpretación de un texto canónico) » (4). En consecuencia, más que forjar las armas de un método científico –algo que merecería una larga reflexión aparte–, estamos ante las interminables polémicas y debates de una camarilla, entrando así en el juego de la mixtificación ideológica del arte, del cine (5).


Michael Haneke (arriba) y David Cronenberg (abajo), tótems intocables de la crítica especializada.

La Nueva Cinefilia es una cultura líquida –como diría Zygmunt Bauman–, que ve, enjuicia y, sobre todo, consume las películas con angustiosa celeridad, despojándolas de sus conexiones con la vida, con valores artísticos y éticos que derriben las barreras interpuestas habitualmente entre lo físico y lo psíquico, entre nuestra alma, nuestra conciencia, y la de los demás, entre la realidad y la fantasía; barreras (el gusto, las modas, el academicismo…) que opacan un conocimiento real con las múltiples expresiones de la vida y del pensamiento, complementarias, contradictorias… Por ejemplo, e independientemente del valor que su cine nos merezca, las últimas películas de Hong Sangsoo, Raoul Peck, Milagros Mumenthaler, Amat Escalante y Ado Arrietta –por citar algunos de los nombres que, hoy por hoy, cotizan al alza entre la Nueva Cinefilia–, se tratan como mercancía, y los (espurios) argumentos filosóficos, estéticos o políticos- sociales que las hunden o las ensalzan no nos conducen al universo secreto de una toma de conciencia distinta… Ayer, el Michael Haneke de Funny Games (id., 1997) era un «genio»; hoy, el Michael Haneke de Happy End (id,., 2017) es un cineasta sin ideas, pretencioso (sic), denostado por la crítica desplazada al Festival de Cannes, quien renueva sus idolatrías con personajes como Sofia Coppola o Robin Campillo… David Cronenberg, en la actualidad una espectral sombra del autor valiente y transgresor de Videodrome (id., 1983) o La mosca (The Fly, 1986), todavía es jaleado por títulos de la mediocridad de Cosmopolis (id., 2012) y Maps to the Stars (id., 2014), pues todavía goza del favor de la intelligentsia de «Cahiers du Cinéma» o de «Sight & Sound»… Darren Aronofsky, otrora el jaleado autor de Réquiem por un sueño (Requiem for a Dream, 2000), ahora es vilipendiado (lógicamente) por Madre! (Mother!, 2017), cinta que cuestiona desde una triple óptica estética / filosófica / ética, todos los planteamientos de la Nueva Cinefilia / Nueva Crítica.


Hay que acabar, de una vez por todas, con la «cinefilia». Con la vieja, con la nueva.

Ello implica deshacernos de un idealismo que se alimenta del recuerdo


5 La retórica de la Nueva Cinefilia / Nueva Crítica nos empuja a aceptar acríticamente una idea del cine, de la vida cultural, de la vida a secas, totalmente artificial –que, en numerosas ocasiones, se fundamenta en lo que ha querido decir el «autor» y no en lo que ha dicho realmente–, idea dictada por las oscilantes dinámicas de los mercados, basada en la rápida adaptación hermenéutica / ideológica a nuevos paradigmas socioculturales que determinan pautas de consumo del cine en consonancia con los lugares dispuestos para ello (filmotecas, festivales de cine, museos y/o galerías de arte «multidisciplinares », congresos universitarios), los cuales son eventos que engalanan de un carácter excepcional a films y cineastas a fin de incrementar su «importancia». Compramos experiencias fílmicas, presuntamente nuevas y edificantes, como quien se compra un iPhone, y nadie parece darse cuenta de que, al querer abarcar con la mirada un campo extenso, demasiado extenso –¡cuántas películas aspiran a desvelarnos las «grandes verdades de la existencia»!–, se empaña la vista de demasiados cineastas y sus cómplices de la Nueva Cinefilia / Nueva Crítica. El amaneramiento, superfluo y obsceno, de determinadas propuestas fílmicas, y de los discursos críticos que les dan validez intelectual, articulando una ilusoria impresión de revuelta, de simulacro resistente contra el cine (y la ideología) dominante, no es más que otra forma más de domesticación neoliberal decidida a desvirtuar cualquier proyecto fílmico apartado de sus paradigmas estéticos, morales. La Nueva Cinefilia / Nueva Crítica procura a quien se empapa de su cultura, de su conciencia, de que posee la ilusión de saber, «que es muy perniciosa, pues quien no sabe, busca y debate, pero quien cree saber, duerme satisfecho» (6).

Hay que acabar, de una vez por todas, con la «cinefilia». Con la vieja, con la nueva. Ello implica deshacernos, por un lado, de un idealismo que se alimenta, a veces, de la afectividad de nuestros recuerdos, lo que no significa renunciar a ellos sino manejarlos con sumo cuidado: de ahí que resulte rechazable ese nostálgico culto adolescente al cine de los ochenta a través de films como Los Goonies (The Goonies. Richard Donner, 1985), Regreso al futuro (Back to the Future. Robert Zemeckis, 1985) o Golpe en la Pequeña China (Big Trouble in Little China. John Carpenter, 1986). Asimismo, debemos rechazar la «cinefilia» porque es un instrumento de alineación esgrimido por una ideología de clase, gracias a unos mecanismos perfectamente experimentados: devoción, fetichismo, competición.



En la Nueva Cinefilia, al igual que en la Vieja, el charming de la firma se impone ferozmente por encima de los merecimientos reales de cada film… ¿Nadie se ha percatado de que Francis Ford Coppola, el director de la anodina Twixt (id., 2011), ya no es el mismo que firmó películas de la envergadura de Apocalypse Now (id., 1979) o La conversación (The Conversation, 1974)? Y, ahora, gracias al DVD o a los archivos digitales AVI o MP4, el cine ya no se ve, sino que se tiene, elevando a una cuestión de honor el «completismo» o la adquisición de rarezas más allá del provecho intelectual / emocional que pueda extraerse de ellas. Por otro lado, la intolerancia hacia aquellos que adoptan discursos disidentes respecto a las doctrinas críticas palmariamente hype está a la orden del día. Lo que significa que las luchas por el monopolio de la legitimidad artística, emprendidas por ciertos realizadores que sobrevaloran la importancia social / cultural de su obra, casi siempre auxiliados por una cohorte de críticos afines, son menos inocuas de lo que parece: no existe ninguna lucha relacionada con el arte que no vaya unida a la imposición de una forma de pensar, de vivir. La «cinefilia» es, ante todo, un acto de autoafirmación, pues ha sido, y es, un relato que «aunque sea inventado, es siempre la preservación de una identidad, y hay que seguirlo hasta el final si uno no se quiere perder» (7).

Pero este acto de fe, que en muchas ocasiones parece ocupar un lugar parecido al que hasta hace poco perteneció a la religión, tiene poco de integrador, de dialogante. Suele erigir diversas murallas entre dos entidades cambiantes, pero siempre cuidadosamente definidas: «ellos» y «nosotros », ortodoxos y heréticos, «Cahiers…» y «Positif », Pauline Kael y Manny Farber… Y en el caso de la Nueva Cinefilia no es una excepción. Consecuente con su disimulada e inconsciente servidumbre con el pensamiento neoliberal reinante, la Nueva Cinefilia –hablando en términos generales– es una cuestión de poder, de grupo, lo cual se percibe en ciertas universidades (privadas y públicas), filmotecas, museos, galerías de arte y Centros de Interpretación, festivales de cine, revistas y editoriales, canales de TV, radios y periódicos. Por supuesto, existen excepciones, pero las figuras que pueblan el tupido paisaje de la Nueva Cinefilia repiten conductas y alineamientos. Desafiar el discurso hegemónico no es fácil y supone renunciar a privilegios y asumir los riesgos que implican ser ignorado o despreciado.

Antonio José Navarro

(1) Óscar Brox en «¿Qué es la nueva cinefilia?», por Aarón Rodríguez & Óscar Brox, http://detour.es/tiempo/aaron-rodriguez-oscarbrox- cinefilia.htm

(2) «Sobre John Ford», por Lindsay Anderson. Ediciones Paidós Ibérica S.A., Col. Escritos y Conversaciones, Barcelona, 2001. Pág. 325.

(3) «El significado del filme», por David Bordwell. Ediciones Paidós Ibérica S.A., Barcelona, 1995. Pág. 288.

(4) «L’Arbre et la source», por Michael Charles. Editions Seuil, Paris, 1985. Pág. 126. Citado por David Bordwell en op. Cit. 3. Págs. 288-289.

(5) Ciertos hábitos, desde luego, no cambian. Tales reflexiones las hizo Gérard Lenne en su libro «La muerte del cine (film/revolución)». Editorial Anagrama, Col. Cuadernos Anagrama, Barcelona, 1974.

(6) Ver «Asfixiante cultura», por Jean Dubuffet. Ediciones del lunar, Jaén, 2011. Pág. 36.

(7) Una cuestión de fe, por Carlos Losilla, prólogo a «Una cinefilia a contracorriente. La Nouvelle Vague y el gusto por el cine americano», por Antoine De Baecque y Charles Tesson (Eds.). Ediciones Paidós Ibérica S.A., Barcelona, 2004. Pág. 28.