Sofia Coppola: «La femineidad puede ser expresada de muchas maneras diferentes»

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Hace muy poco rompió un récord histórico en el Festival de Cannes, al llevarse el premio a la Mejor Dirección 56 años después de que lo logró la soviética Yuliya Sointseva por su película Povest plamennykh let (1961). Que fuera la hija menor de Francis Ford Coppola la que lo consiguiera no sorprendió a nadie, porque si algo caracteriza a Sofia Coppola es su asombrosa capacidad para abrirse camino en una industria cinematográfica en el que las mujeres siguen estando muy relegadas. Con La seducción, la nativa de Nueva York de 46 años ha abandonado las historias originales para darle una nueva vuelta de tuerca a El seductor, el film de Don Siegel que Clint Eastwood protagonizó en 1971.


 

—¿Por qué has querido hacer un «remake» de «El seductor»?

— Me pareció una propuesta interesante, la historia de esta casa para señoritas en la que refugian a un soldado, una premisa a partir de la cual se puede hablar bastante de la relación de poder entre hombres y mujeres. En realidad la película de Don Siegel estaba contada desde el punto de vista del hombre que descubre el mundo de estas mujeres. Pero yo opté por regresar a la fuente, leer el libro en el que está basada esta película, porque pensé que era mucho más interesante contar lo que debe de haber sido para las mujeres de esa época, que habían sido criadas para entretener a los hombres, vivir en un momento en que todos se habían ido a la guerra. Cuando ellas dejan entrar a este soldado desconocido, su presencia despierta deseos que han reprimido durante mucho tiempo, por eso para mí fue muy interesante explorar la dinámica de esas mujeres. Lo que también pude examinar en la película es cómo el poder fluctúa entre ellas y él, todo a partir de esa premisa tan prometedora.

— En cierta manera exploras el tema de la femineidad…

— Cierto. La femineidad puede ser expresada de muchas maneras diferentes, y en este film quise crear un mundo, un mundo muy femenino, donde todo pasa por mostrar delicadeza. De todos modos, siempre tuve claro que estas mujeres habían quedado aisladas del mundo y debían convivir con su represión y su deseo, que es humano, y por eso traté de mostrar todo eso como parte de su humanidad antes que como parte de su femineidad.

— ¿Por qué elegiste a Colin Farrell para el papel masculino?

— Fue el resultado de un largo proceso. Creo que fue el papel más difícil de asignar, porque tenía muy claro cuáles eran las actrices con las que quería trabajar, y encontrar un actor que pudiera estar a la altura de todas ellas de manera diferente, que fuera encantador, carismático, no fue fácil. Quería alguien que fuera muy masculino y que resultara atractivo para muchas mujeres. Creo que me pasé un año preguntándole a todas mis amigas y conocidas quién era su actor favorito y a quién consideraban sexy. Incluso le pregunté a las madres en la escuela de mis hijas. También tuve reuniones con varios candidatos. Pero cuando me encontré con Colin, tiene un carisma y un encanto que no me planteó ninguna duda. Y en el libro original, el personaje era un inmigrante irlandés, por lo que cuando le escuché hablar con su acento nativo me dio la impresión de que, si hablaba así en el film, podía resultar aún más exótico y atractivo a todas estas mujeres.

— ¿Es cierto que le tomaste fotos para hacer con él un álbum?

— Sí. Cuando estábamos filmando las escenas en las que se le ve musculoso, y también cuando está en el jardín, nos pusimos a hablar de la posibilidad de hacer un álbum con él y nos pusimos a tomarle fotos. Nos dejó jugar con la idea y se prestó de buena gana, porque si hay algo que le caracteriza es su sentido del humor. Creo que como se siente muy seguro de sí mismo, le gustan las mujeres y tiene una gran relación con su hermana y con su madre, no tuvo problemas en dejar que las mujeres sean los personajes más fuertes de la película. Fue un gran compañero en el rodaje, y no dudo de que disfrutó mucho de estar rodeado de mujeres y que todas le adularan. Además tuvo que pasarse la mitad del rodaje en la cama y con la cabeza en una almohada…

— Sueles trabajar casi siempre con las mismas actrices, como Kirsten Dunst y Elle Fanning…

— Son muchos los directores que lo hacen, pero siempre estoy interesada en trabajar con nuevos actores y descubrir otros talentos. Lo que ocurre es que tengo una conexión muy especial con Kirsten, que es una especie de alter ego para mí, y además es una gran compañera en mis proyectos. Ya hemos hecho tres películas juntas, esta es la tercera. En cuanto a Elle, la conocí cuando tenía 11 años y pensé que era única. Me sigue entusiasmando ver qué es capaz de hacer, porque cuando era niña siempre me preguntaba qué clase de actriz iba a ser cuando fuera mayor. Por eso me gustó mucho la idea de poder trabajar con ella ahora que ya es una mujer joven. Lo cierto es que hay cierta gente con la que una tiene una conexión, que saben cómo interpretar mi estilo y mi forma de trabajo y además a quienes admiro como intérpretes. Lo mismo vale para mi equipo técnico. Tenemos una manera muy simple de entendernos y sentir que estamos todos juntos en esto. A mí me ayuda tener un equipo que entiende mi sensibilidad y que sabe cómo quiero hacer la película.

— ¿De qué manera ha evolucionado tu relación con estas actrices?

— Ahora me siento mucho más cerca de ellas que cuando trabajamos por primera vez. Ahora son mujeres y cuando nos conocimos eran niñas. Pero sigo sintiendo que son como mis hermanas. Ahora podemos hablar de muchas más cosas porque son adultas. Y me encanta verlas actuar. Hacen los papeles como yo los imagino mientras los estoy escribiendo y le agregan mucho más. Es muy estimulante.

— ¿Qué importancia tiene la música en «La seducción»?

— Es esencial. El sonido es media película y agrega muchísimo a la atmósfera que busco crear, especialmente en un film como éste, porque quería que se sintiera que estábamos en medio de la guerra, que era algo que estaba ocurriendo a una distancia cercana, y que fuera una amenaza del mundo exterior. El sonido sirve para mostrar que ellas están aisladas del mundo, que han quedado encerradas en el suyo propio, lo cual era fundamental para mantener la tensión. Eso era lo más importante para mí. Sabía que el sonido y la música podían agudizar la tensión y no relajarla. Esos tonos electrónicos sirven precisamente para enfatizar la tensión, lo que no hubiese ocurrido si hubiera elegido poner canciones. Me interesaba mantener esa tensión. La música es un elemento fundamental a la hora de crear atmósfera y generar emoción. Me entusiasmé cuando Phoenix me envió la última canción para ponerla al final, porque me parece que sirve justamente para dejar salir esas emociones, y aportar la sensación evocadora que quería que tuviese el final.




— Cuando ganaste el Oscar mencionaste a Wong Kar-wai. En «La seducción» usaste a su director de fotografía, Phillipe Le Sourd, que filmó para él «The Grandmaster». ¿Cómo fue la experiencia?

— Muy buena. Conocí a Phillipe, que es un director de fotografía francés, a través de un amigo mutuo que había trabajado con él y me lo recomendó. Pero esta no fue la primera vez que trabajamos juntos. Ya habíamos hecho algunos comerciales. Es un gran artista y admiro lo que hizo en The Grandmaster. No ha hecho muchas películas porque es muy selectivo. Su trabajo con Wong Kar-wai es impresionante.

— ¿Dirías que el cine de Wong Kar-wai te ha influenciado?

— Desde luego. Deseamdo amar me impactó mucho. El mundo que creó en esa película es fascinante. Tiene mucho talento y el arte que crea en sus films es muy hermoso.

— Jessica Chastain, que fue miembro del jurado de Cannes, criticó cómo se presenta a las mujeres en la pantalla. ¿Qué opinas al respecto?

— La verdad es que no vi las otras películas que compitieron ese año, pero soy muy feliz por haber podido hacer la mía, que tiene un elenco integrado casi todo por mujeres y un solo hombre. Me gusta ver películas que tengan diferentes puntos de vista y tengo la esperanza de que haya cada vez más una mayor amplitud de miras a la hora de aceptar todos los puntos de vista.

— ¿Te sorprendió ganar el premio a la Mejor Dirección?

— Por supuesto, nunca pensé que eso pudiera pasar. Regresé a casa y no me enteré de nada. No quería perder las esperanzas, porque uno quiere que se premie a su película cuando están hablando de cuáles son los finalistas y los posibles ganadores. Lo cierto es que regresé a mi casa con mis hijas y por la mañana recibí una llamada avisándome que iba a recibir un premio, pero no me dijeron cuál. Y como la ceremonia era ese mismo día no había forma de que pudiera volver a Cannes para llegar antes de la ceremonia de entrega. Finalmente, cuando nos íbamos con mis niñas al parque de atracciones de Coney Island recibí la llamada diciéndome que había ganado el premio a la Mejor Dirección, lo cual fue una gran sorpresa y un enorme estímulo. Mis hijas, cuando se enteraron, también estaban muy entusiasmadas.

— Fuiste a Cannes por primera vez cuando tenías ocho años. ¿Te acuerdas de aquello?

— Claro. Recuerdo haber celebrado mi cumpleaños en Cannes cuando mi padre estaba allí presentando Apocalypse Now y el entusiasmo que todos teníamos por estar ahí. Siempre disfrutaba cuando mis padres nos llevaban al mundo de los adultos, y el poder caminar por la Croisette por la noche, así como ver a todos los realizadores que venían de todas partes del mundo. Era un mundo que me encantaba. Por eso siempre tendré una conexión sentimental con Cannes, entre otras cosas porque allí llevé mi primera película, Las vírgenes suicidas. Era la primera vez que se pasaba en público y fue muy bien recibida. Sentí que había comenzado mi carrera y fue un momento que me ayudó mucho. Tengo una larga historia con Cannes. Me encantó que me hubieran invitado a ser parte del jurado, y el hecho de que cada vez que voy tenga la oportunidad de conocer a realizadores de otros países es algo que me gusta mucho. Pero de aquella primera ocasión lo que recuerdo es haber asistido al Palais a ver la película, pero lo que más me impactó era que ese mismo año Cheech y Chong presentaban Como humo se va, e hicieron una gran fumada en la Croisette. Mis hermanos pudieron ir y a mí no me dejaron. Eso nunca lo voy a olvidar…

— ¿Sientes que formas parte de una corriente actual de cine feminista?

— No sé sí es algo político, es mucho más simple. Me interesan las historias sobre mujeres porque esa es mi experiencia, y parte de lo que me gustó de La seducción es que trata de un grupo de mujeres que va de los doce a los cuarenta años, lo cual me permitió poder trabajar con actrices que están en diferentes etapas de sus vidas, y ver cómo reaccionan frente al personaje masculino me pareció muy atractivo. Esta historia me pareció muy interesante y me parece que es bueno tener diferentes puntos de vista en el cine, que reflejen una sociedad y no solamente lo que piensa una persona.

— ¿Te parece que con el éxito de «Wonder Woman» las puertas de Hollywood finalmente se abrirán para las directoras?

— ¿Quién sabe? Lo cierto es que me entusiasma que le haya ido tan bien a Wonder Woman porque durante mucho tiempo en Hollywood no creían en el potencial que podía tener una superheroína. Es maravilloso que le haya ido bien, y a decir verdad, no es algo que me haya sorprendido.

— Como realizadora y como espectadora, ¿prefieres el drama o la comedia?

— No puedo elegir, me gustan mucho las dos cosas. Y creo que en muchas ocasiones van de la mano. Me encantan las historias que saben combinar el humor y el drama. Porque en la vida real los momentos tristes y dramáticos suelen tener algo divertido que rompe la tensión.

— ¿Disfrutas más con la realización o con el diseño de moda?

— De la realización cinematográfica, por supuesto, porque incorpora un montón de cosas que me interesan. Pero como lleva tanto tiempo hacer una película, me gusta tener actividades paralelas y de diseñar. Es un hobby que conservo desde que era niña. Siempre me gustó la moda y la fotografía. Es algo que trato de usar en mi trabajo cinematográfico, pero nunca me faltan oportunidades de explorarlo un poco más entre film y film.

— Tu madre, Eleanor, acaba de dirigir su primer largometraje de ficción, «París puede esperar», a los 80 años…

— Sí, lo suyo es muy impresionante porque es una de las personas con más energía que conozco. Eso te demuestra cómo tus intereses y tus pasiones te mantienen joven, porque ella siempre adoró el arte, y fue la que nos estimuló para que hiciéramos nuestros propios proyectos artísticos. Era algo muy importante para ella y nos lo transmitió a nosotros.




— ¿Qué has aprendido de tu madre a nivel profesional?

— Mientras yo crecía, mi madre siempre estaba muy interesada en el arte contemporáneo y nos llevaba a los museos a ver exhibiciones. Nos estimulaba para que hiciéramos arte y que fuésemos creativos. Recibí mucho estímulo de su parte. También heredé de ella su temperamento. Es una persona muy calmada, y creo que la tranquilidad que siempre muestro en los platós viene de mi madre, que es capaz de mantener una actitud muy tranquila aún en medio de una tormenta.

— Creciste en Nueva York pero viviste en París. ¿Sientes que tanto Europa como los Estados Unidos te han influido a nivel cultural?

— Desde luego. Me encanta la cultura europea. En realidad crecí en el norte de California, y siento que esa región del mundo tuvo una enorme influencia en mí. Mi padre siempre puso mucho énfasis en nuestra ascendencia italiana, y además pasamos mucho tiempo en Francia. Por lo tanto me siento muy afortunada de haber podido estar mucho tiempo en Europa, y esa cultura ha tenido una gran infuencia en mí, pero me siento una californiana de corazón.

— Tomas fotos, dibujas… ¿Cuándo empezaste con esas aficiones?

— Dibujaba mucho de niña pero luego me di cuenta de que mi talento como dibujante no está a la altura de lo que a mí me gustaría, y ese fue el momento en que empecé a interesarme en la fotografía. Mi madre me estimuló para que coleccionara fotos porque era algo que me interesaba. Me gustaban las fotos de moda, los retratos y la fotografía artística. Y luego, a la hora de ir a la universidad, fui al Pasadena Arts Center. Allí aprendí mucho sobre fotografía, lo cuál me ayudó cuando empecé a hacer películas, porque es así como uno se pone a pensar en cual es el tono que tiene que tener la imagen y cómo se hace para construir una toma con la que me sienta identificada. Mi trabajo como fotógrafa me ayuda muchísimo a la hora de empezar una película para definir cómo tiene que ser la atmósfera.

— Me imagino que eres de ese tipo de personas que sigue escribiendo cartas en papel…

— Por supuesto. Me gusta el papel. Sigo escribiendo notas en papel y tengo un cuaderno que llevo conmigo a todas partes. Me gustan los artículos de escritorio, las lapiceras delicadas y llevo mi agenda en un calendario de papel. Nunca me olvido de la página en la que escribí las cosas. No es lo mismo que tenerlas apuntadas en un iPhone.

— En estos tiempos que corren, en los que todo el mundo está haciendo una secuela, ¿has pensado en hacer una de «Lost in Translation »?

— No, pero ahora que lo dices podría ser muy interesante..

Gabriel Lerman